3/01/2010

Trileros con corbata (La película de "El Informador")

Prácticamente desconocida en España, la película de "El Informador" ("Boiler Room", en su versión original) cuenta con actores de la talla de Ben Affleck o Vin Diesel y un genial Giovanni Ribisi haciendo de protagonista.

Quizá su falta de éxito en nuestro país pudo deberse a que trata sobre un fenómeno no muy conocido en España (aunque ha habido bastantes casos y bastantes afectados, no es algo de lo que se hable mucho puesto que como bien sabemos la cultura financiera, por desgracia, es muy baja).

Para no desvelar la trama, solamente comentaré que la película trata sobre un "chiringuito financiero". Pero no un chiringuito de los que se basan en el típico esquema ponzi (estafa piramidal), en esta película el timo es un poco más elaborado. Y real.




Pero no es de la película de lo que voy a hablar en el post de hoy (ni soy crítico de cine ni lo pretendo), sino de su espejo en el mundo real: los "chiringuitos" financieros.

Hoy vamos a hablar de trileros con corbata.

Igual que hay timos que no entiendo a quién pueden engañar (algunos fishing mal traducidos, ofertas de trabajo no solicitadas que llegan al email con sueldos desorbitados, etc) hay otros que los entiendo perfectamente. Suelen ser aquellos que tratan de despertar una de las emociones más complicadas del ser humano: la avaricia. Como por ejemplo el tocomocho o la estampita.

Quizá una de las consecuencias más evidentes de una inadecuada cultura financiera sea la existencia (y éxito) de este tipo de compañías. A veces es hasta sorprendente cómo somos capaces de desconfiar de una empresa financiera con más de 100 años de historia, pensando que nos van a timar y sin embargo darle el dinero con los ojos cerrados a otra que ni siquiera está inscrita en la CNMV.

En España, para que una sociedad o intermediario pueda ofertar y prestar servicios de inversión para el público, ha de estar debidamente autorizado y registrado en la CNMV (http://www.cnmv.es/), en el Banco de España (http://www.bde.es/) o en la Dirección General de Seguros http://www.dgseguros.mineco.es/).

Durante la carrera, y supongo que como todo universitario, estaba deseando ir sacando algo de dinero para salidas y viajes, fundamentalmente (tuve la enorme suerte de tener lo demás cubierto gracias a becas y sobretodo a mis padres y mi familia). Clases particulares, buzoneo y venta de productos (enciclopedias, vinos, cursos...) a base de llamada fría, eran mis principales fuentes de ingreso. Sin embargo, en mi último año de carrera decidí intentar algo más relacionado con lo que quería que fuese mi trabajo, por aquello de ir haciendo currículum. Sabía que no me iban a poner a dirigir una sociedad de valores, pero estaba convencido que algunas cosas podría hacer. Así que me puse manos a la obra y encontré en Infojobs una empresa que buscaba "Asesores Financieros". Es cierto que ya debí sospechar algo cuando en la oferta se conformaban con asesores sin experiencia bastando tan solo tener educación obligatoria (ESO) terminada. Eso sí, pedían mucha motivación...

No soy de esa gente que piensa que por tener una carrera uno sabe más que otro. En algunas ocasiones pienso incluso al contrario. He conocido biólogos o publicistas que son excelentes analistas técnicos y algunos de los mejores operadores de mercado que he conocido no tienen terminado Bachiller. Pero tienen experiencia. Mucha experiencia. Lo que quiero decir es que tan solo hace falta saber dos cosas de un asesor: en primer lugar, cuánto tiempo lleva en el mercado. Si la respuesta es menos de cinco años, entonces deberá preguntarle por sus estudios. Si la respuesta es menos que una certificación EFA o un Máster en Mercados, entonces lo mejor debe ser buscar otro asesor... aunque cabe la posibilidad de que con esa experiencia y sin título sea un autodidacta excelente, lo más normal es que no sea así. Y es un riesgo un poco tonto, habiendo tanta competencia en el sector.

En fin, lo que estaba contando es que llegué a hacer la entrevista, en una oficina que estaba en la última planta del edificio más alto de un polígono industrial no muy grande de Madrid. El Hall era el más lujoso que he visto hasta hoy: dos pantallas planas enormes con el canal Bloomberg, una chica en recepción morena de ojos verdes, que podría tranquilamente ser modelo, sillones enormes de cuero negro, mesas de diseño... Hacía que el Hall de BNP en el palacete de Hermanos Bécquer pareciese una tienda de campaña.

Me senté a esperar, nervioso, recuerdo que hojeando el libro de Productos Financieros, buscando qué eran las opciones, pues la empresa se dedicaba al asesoramiento en Warrants. Cuando me llamaron me hicieron pasar a una sala en la que ya desde el hall se escuchaba algo de jaleo. A partir de ahí no tengo palabras para describir el espectáculo dantesco que vi en aquel lugar. Lo más parecido que he visto nunca ha sido el gallinero de la casa de mi abuelo, cuando iba a llevar la comida a las gallinas. La sala estaba llena de niños imberbes (como yo en aquel momento) gritando al teléfono, algunos subidos encima de la mesa, otros caminando de un lado para otro, otros sobre la silla en posiciones poco ortopédicas... Un show sacado de la hora de Benny Hill.

Crucé toda aquel purgatorio con la persona que iba a hacerme la entrevista y me metió en un despacho que estaba al final. Recuerdo que me costaba muchísimo contenerme la risa. La entrevista no duró mucho y hubo momentos de la misma en que directamente no hice nada por contenerla. La educación por delante, por supuesto, pero aquel señor pretendía hacerme creer que aquello era un negocio serio y si bien yo podría ser algo inexperto y soy bastante despistado, se notaba fácilmente que allí había cosas que no funcionaban correctamente. Por ejemplo, nadie tenía ordenadores. Las mesas se compartían entre dos personas y solo había un teléfono sobre ellas y una especie de libreta, que debía ser el listado de gente a la que había que llamar. Pero lo que menos funcionaba del asunto era que mi entrevistador y candidato a jefe no supo explicarme exactamente qué era un warrant... en una empresa que se dedicaba al asesoramiento en warrants. No me gustó tampoco su discurso agresivo: cuando yo voy a una empresa a hacer una entrevista no solo tengo que venderme yo, también tienen que venderme el trabajo.

Poco después de hacer aquella entrevista me enteré de que la empresa iba a ampliar su asesoramiento también al Forex (muy típico de los chiringuitos: cuanto más apariencia mística y complicada, mejor para ellos). Menos de un año después de aquella última noticia, me enteré de que un juez ordenó su cierre.

Mi experiencia con los chiringuitos no termina allí. Un tiempo después volví a ponerme a buscar trabajo, ya con algo de experiencia, y recibí una llamada de otra empresa con nombre desconocido para mi. Echando un vistazo a su página web (que todavía existe), todo daba la apariencia de seriedad. Había hasta un link a la CNMV, otro al Banco de España y links a diferentes emisores de Warrants.

Cuando llegué al lugar de la entrevista me encontré con lo mismo que hacía unos años: lujo y más lujo. Todo era moderno, incluso la persona que me hizo la entrevista, que solo le faltaba brillar. Traje a medida, corbata de seda... Pero como no había gallinero, seguí allí pese a mis sospechas, que se hicieron ciertas cuando mi candidato a jefe me preguntó en la entrevista que qué le recomendaría a un cliente que hubiera perdido (con nuestros consejos) el 70% del capital. Mi respuesta fue evidente: haría todo lo que estuviera en mis manos para que nunca uno de mis clientes perdiese ese 70% del capital. Vamos, que asesorado por mi, no dejaría llegar ese momento. Y si aún así lo perdiese, me plantería si se me da bien mi trabajo. En ese momento se dio por terminada la entrevista y mientras me despedía, aquel señor me trataba de convencer de que lo mejor que podía hacer en ese caso era aconsejar al cliente arriesgarse más para tratar de recuperarlo todo, ante mi cara de estupefación. Claro, luego me enteré de que aquella empresa cobraba un 15%!!!! sobre el efectivo de la operación a realizar, como comisión. Vamos, que si invertías 1.000 euros, te cobraban 150 solo por sus consejos, fueran buenos o malos. Una locura, vamos.

Dejo aquí un pdf de un documento de la CNMV (que aunque algo desactualizado sigue siendo útil para reconocer los chiringuitos).

Y aquí el trailer de la película que inspira este post: "El Informador".




Lo más increible del asunto en cualquier caso es que la gente que trabaja en esas empresas de verdad se creen supergurús de la bolsa. Me decía el chico de la primera entrevista que ellos eran los expertos y que así se lo decían a los clientes. Que si llamaban a un panadero, que le decían que él se dedicara a hacer pan, que ellos se dedicarían a aconsejarle. Es curioso como la comida de cabeza es hacia los dos lados: hacia el cliente al que quieren timar y hacia el empleado que va a hacer el timo.

Hace algún tiempo (en el año 2007) me encontré con un conocido de la adolescencia. Ese tipo de cosas que hacen mucha ilusión y que suelen acabar tomando dos copas un miércoles y no volviendo a ver al susodicho hasta después de otros 5 años. Le pregunté que a qué se dedicaba y me contó que trabajaba para una empresa de este tipo. Me estuvo diciendo algunas técnicas que empleaban en las ventas y, sinceramente, pone los pelos de punta. Por ejemplo, me decía que si el cliente potencial les colgaba el teléfono, le llamaban de nuevo y le gritaban que qué se habían pensando o que quién se creía para colgarle. Se hacían pasar por gente muy importante, pero lo increible del asunto es que él se lo creía. Mi conocido pensaba que de verdad sabía de bolsa y de mercado... cuando no tenía ni siquiera un ordenador en su puesto de trabajo para leer las noticias...

Es posible que nos intenten timar en cualquier parte, quizá incluso hasta un empleado de una empresa seria. Podría ser que hasta la misma empresa seria. Pero tenemos que tener claro que el dinero en este juego es nuestra única herramienta de trabajo, como el taladro lo puede ser cuando hacemos bricolaje y no lo debemos dejar en manos de cualquiera. ¿Dejaríamos el taladro en manos de nuestro hijo de dos años? Cuando dejamos el dinero en un lugar no de fiar (es decir, no inscrito como empresa que puede prestar legalmente servicios de asesoramiento) se lo estamos dejando encendido y apuntando a nuestra pierna. ¿Puede salir bien? Sí, puede. Pero lo más seguro es que no.

Y no se trata solo de cultura financiera. Es tan sencillo como hacer caso de la sabiduría popular: que nadie nunca nos va a dar duros a 4 pesetas.

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6 comentarios:

Luis F dijo...

No podría ser de más actualidad... http://www.google.com/hostednews/epa/article/ALeqM5jKHnkKPDHBN32CxUql0-DpkOwVXQ

Anónimo dijo...

A mí también me paso lo mismo cuando estudiaba. Vendí productos de puerta en puerta relacionados con el consumo de luz y a los pocos meses salió en el periódico por ser una estafa. Afortunadamente solo trabaje 2 días porque no me gustó.
Así que supongo que es habitual timar o ser timado, sin querer o queriendo.

Tomás V García-Purriños García dijo...

Ya vi la noticia, la verdad que es casualidad. Efectivamente es muy habitual timar o ser timado, de hecho desde mi punto de vista que exista diferencia entre precio (lo que pagamos) y valor (lo que vale) en los mercados financieros ya es un poco un timo.
Pero a veces también como vendedores deberíamos saber qué es lo que estamos viendo y salir corriendo cuando nos damos cuenta de que es un timo. A veces no es tan fácil...
El asunto es complicado, la avaricia del hombre es muy grande y tanto el timado como el timador (en estos casos) se mueve por ella...
Algún día haré un post sobre la avaricia.

Mario JP dijo...

Por desgracia es muy habitual... debemos andar con mil ojos

Teresa dijo...

No tengo ni idea de estos temas, pero me parece interesantísimo lo que cuentas. En el ambiente en que yo me muevo (hospitales, enfermos, ...), parece que hay más bondad y más desinterés que por ahí fuera, aunque avaricia... (y soberbia, y pereza, y envidia, y lujuria, ...) hay en todas partes, en nuestro interior mismo, por mucho que no queramos. Es una pena que, pudiendo trabajar bien, caigamos en esta indignidad. Pienso que no debemos asustarnos de enciontrar en nosotros la misma miseria interior que en todo el mundo,unida muchas veces a una gran calidad de sentimientos y deseos, pues así somos. Pero, a la vez, no debemos dejar de luchar contra lo que en nosotros vemos de malo y a favor de lo que consideramos bueno.

Tomás V García-Purriños García dijo...

Tere, tienes toda la razón del mundo. El problema de nuestro negocio es que es fácil confundir lo justo (sacar rendimiento por ayudar a distribuir en el mercado el capital) con lo injusto (hacer beneficios por hacer benefecios).

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