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6/09/2010

El Trading y las emociones (Introducción)

Cuando Kahneman, del que ya hemos hablado en otras ocasiones, decide acercarse al mundo de la economía (no lo olvidemos, este premio nobel de economía es psicólogo) descubre que todas las teorías clásicas tienen lo que para él es un terrible error de base: Consideran como premisa que el ser humano es racional. Ésto, por supuesto, contradice todo lo que él había aprendido hasta el momento sobre el ser humano y por ello toma la misión de tratar de demostrar que los hombres tomamos decisiones equivocadas en situaciones sujetas al azar (como por ejemplo, cuando invertimos). Es el nacimiento del Behavioral Finance.



Desde entonces, y ya hablando directamente del mundo de los mercados, dos aproximaciones psicológicas tratan, por un lado, de explicar algunos fenómenos y, por otro, de prepararnos correctamente para el complicado y tantas veces frustrante (aunque apasionante) mundo del trading.

Como vengo diciendo, durante los próximos post vamos a acercarnos a la Psicología del Mercado desde este último punto de vista, que al final será al que más partido le podamos sacar. Este post debe servir como introducción.

Nuestro cerebro está diseñado para proporcionarnos siempre una sensación de orden y de control. No podemos abarcar todas las cosas (amigos, familia, dinero...) ni todos los riesgos (tropezarnos, que nos caiga un tiesto en la cabeza, un terremoto...), por ello nuestra mente trata de centrarnos en determinadas actividades, haciendo que olvidemos otras, que permanecen en el subconsciente.
Es más, nuestra mente es incluso capaz de engañarnos y falsear datos, para que nuestras historias cerebrales (la memoria) tengan coherencia. Es por ello que cada uno recuerda el pasado de forma subjetiva (excelentemente expresado por Tarantino en la película de Pulp Fiction, que en una misma escena que se recuerda desde dos puntos de vista cambia detalles, como un poco los diálogos y algo el escenario).

Nuestra mente se vuelve especialmente peligrosa cuando tomamos decisiones en entornos de incertidumbre. Claro ejemplo de ésto es lo que se conoce como la "falacia del jugador": cuando en la ruleta ha salido 5 veces seguidas el rojo, pensamos que la probabilidad de que salga negro en la siguiente tirada sea mayor a que vuelva a ser rojo. Ésto es un error, puesto que en una tirada (en sucesos independientes, como es el caso) la probabilidad de que sea rojo o negro ¡¡es la misma!! Osea, del 50%. Otra cosa es que queramos calcular a priori la probabilidad de que salgan 6 veces seguidas el rojo, pero una vez ha salido el resultado, el pasado se resetea (puesto que los sucesos son independientes). De ahí la ineficacia de la martingala (y lo podemos trasladar al trading: de ahí la desventaja de promediar una posición perdedora).

Otro ejemplo de que no podemos fiarnos de nuestra mente en este tipo de situaciones lo encontramos en algunos experimentos de Kahneman y Tversky, que aunque hemos hablado de ello en otros post, conviene recordar.

Básicamente, estos dos psicólogos, en uno de sus experimentos daban a elegir las siguientes opciones:

Usted prefiere: ganar
con un 100% de seguridad 2.400€
o arriesgarse y ganar con un 25% de probabilidad 10.000€ ó 0€ con un 75% de probabilidad.


En esta opción normalmente la gente escoge llevarse el dinero a la saca, aunque en realidad, la esperanza matemática de arriesgarse es superior a la de no arriesgarse:

opción A: E=2400(100%)=2.400
opción B: E=10.000(25%)+0(75%)=2.500

Pero aún es más interesante cuando hablamos de una pérdida:

Usted prefiere: perder
con un 100% de seguridad 2.400€
o arriesgarse y perder con un 25% de probabilidad 10.000€ ò 0€ con un 75% de probabilidad.


Normalmente la gente suele escoger... ¡arriesgarse! Cuando de acuerdo con la esperanza matemática la pérdida sería mayor:

opción A: E=2.400(100%)=2.400
opción B: E=10.000(25%)+0(75%)=2.500!!

En fin, que no somos buenos calculando probabilidades.

Por otro lado, también Kahneman y Tversky hacen otro interesante descubrimiento que demuestra que somos poco racionales y que nuestro cerebro rellena huecos haciéndonos crear ideas preconcebidas acerca de las cosas y de la gente.
En resumen y con mis propias palabras, su experimento consistía en la siguiente pregunta:

María es una persona comprometida con el socialismo. Acude a concentraciones, participa en todas las huelgas y ha sido detenida varias ocasiones en relación a manifestaciones contra la globalización

Elija:

1. María es una cajera de un banco.
2. María es una cajera de un banco y pertenece a un sindicato.


Normalmente la gente elegía la opción dos cuando es mucho menos probable. Con los datos que sabemos, es decir, casi nada, la opción 1 A: María es cajera es más probable que la opción 2: A María es cajera Y B sindicalista. (La probabilidad de A es mayor que la probabilidad de A+B, lógicamente).

En este caso interviene también un problema de exceso de datos, muy común en bolsa. por ejemplo para resolver el siguiente problema:

Un avión blanco y azul, marca Boeing modelo 747 sobrevuela el mediterráneo, las coordenadas exactas son 35° 50′ N 14°35′ E. 134 es el número de pasajeros que lleva el avión, cada uno con un bulto y una maleta de no más de 30kg. Un 38% de los pasajeros son hombres, el resto mujeres y viajan 12 niños menores de 10 años.
¿De qué color son los ojos del piloto?


No necesitamos ninguno de los datos que vemos.

Pero que todo ésto no os asuste. No nacimos para ser matemáticos, nacimos para sobrevivir en un mundo cargado de incertidumbre y si la naturaleza ha escogido dar mayor valor a la parte emocional que a la racional, debe ser porque es más eficaz para la supervivencia. Sólo tenemos que aprender a vivir con ella, a pararle los pies a las emociones cuando sea necesario y a dejarnos llevar por ellas en nuestro beneficio.

En la próxima entrada del blog hablaremos largamente de las emociones.

Hasta entonces.

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