La Vuelta al Gráfico está en RANKIA

10/22/2010

La crisis de crédito visualizada



Os dejo un estupendo vídeo que he descubierto gracias al blog "the lost economist", que explica de forma sencilla e intuitiva cosas tan complejas como los CDOS o las subprime.

Está en Inglés, pero en el blog thelosteconomistblog lo encontraréis traducido al español.

10/15/2010

Wall Street 2

Este miércoles aprovechando el día del espectador fui por fin a ver Wall Street 2. Por supuesto, como soy un friki, hice sesión doble y antes vi en mi casa la primera.
Como ya comenté en otro post, no soy crítico de cine, aunque me encanta, ni pretendo serlo. Tampoco me gusta ser el típico que destripa películas, así que si aún no la has visto, deja este post para después, porque pretendo contar algunos detalles que si bien pueden no ser importantes yo los considero esenciales.






En sí misma la película no debe ser muy buena porque mi novia (mi mujer, en realidad, pero llevando tan poco casados me cuesta todavía llamarla así) se quedó dormida a mitad. Y la verdad es que es una película un poco lenta y el guión no es demasiado bueno. Sobretodo en comparación con la primera, a la que no llega ni a la suela de los zapatos. Aún así, a mi me encantó. ¿Por qué? Pues por varias razones.

En primer lugar me parece que está perfectamente logradas las escenas de pánico con las primeras caídas. Cuando comenzaron los primeros avisos del marrón que se nos venía encima yo estaba trabajando como operador de mercado, y algunas de esas escenas del cine yo las viví en primera persona: clientes como locos que no saben qué hacer, miedo, gallinero en la sala, tres llamadas en espera en cada línea, órdenes de venta que no da tiempo a meter porque el valor se ha ido un euro por debajo mientras te la dan... Verlo en el cine es una sensación rara. Algo así como ponerle la película a tus nietos y decirles, yo estaba ahí.
En segundo lugar, las reuniones de los banqueros con los políticos, son exactamente como yo me las imaginaba. ¿Te imaginas a Paulson gritando " lo que me pedís es socialismo, es nacionalización" mientras los banqueros le dicen "si no actúas hoy, el lunes habrán quedado tres entidades, el viernes no quedará ninguna"? Qué momentos.
En tercer lugar, la fiesta en Wall Street, que me recordó a las antiguas fiestas de la bolsa de Madrid, pero con más glamour, claro, y sin jamón serrano. El genial comentario de Gekko: "si pusieran una bomba aquí a ver quién iba a gobernar el mundo". Sin embargo el encuentro sorpresa con Bud Fox (y aquí al que no haya visto la película le acabo de destrozar uno de los mejores momentos, que conste que lo advertí) no me gustó nada de nada. Ni el fondo, que dice que las personas no cambian, algo con lo que no podría estar más en desacuerdo, ni la forma, que es irreal. No me pareció bien, sencillamente, porque Bud Fox es un personaje con el que me identificaba y se lo han cargado en cinco minutos. Para eso, mejor que se hubiera quedado haciendo "jingles" en dos hombres y medio.
En cuarto lugar, y por último, me encanta el final. Sé que no es real, sé que no es Gekko, que se carga al personaje, que es otra cosa, pero me encanta. Por lo mismo que no me gustó el encuentro con Fox. Porque las personas cambian así, con pequeños gestos. Cambian sin cambiar, pero cambian.
En fin, que he leído otros comentarios de la película y no estoy de acuerdo con ellos. Refleja bastante bien el mundo en el que nos movemos, destacando el poder de los grandes inversores sin escrúpulos, subrayando el ambiente de competición continua. Y refleja muy bien el miedo. Sobretodo el que se vivió en esos momentos. Miedo del que siempre hay alguien que se aprovecha. Explica bastante bien las causas de la crisis y el ejemplo de la madre que se dedicaba a la venta de casas y su caída es muy real.
Y para terminar, algo que me encantó de la película, porque es verdad y porque es algo que llevo repitiendo de forma insistente en este blog, la conversación de Jake Moore con su mentor: siempre hay alguien en algún medio que vende miedo. Y se compra porque el caos gusta. Real como la vida misma y como estos años se ha demostrado claramente. ¿Viene el fin del mundo? ¿Se ha pasado ya? Gusta mucho más decir que no vamos a salir de ésta, que el mundo como lo conocemos se desmorona. Mucho más que decir que salimos de otras como ésta y saldremos. Antes o después.

10/08/2010

Vuelta de Egipto


Estoy recién llegado a Madrid después de pasar dos semanas de vacaciones por Egipto.
Con este post no pretendo que se me interprete mal, no podría haberlo pasado mejor, ha sido una experiencia que deseaba desde niño y ha sido inolvidable. Una especie de mezcla entre aventura de Indiana Jones, viaje de Herodoto y relax en el Caribe. No obstante algunas partes de mi experiencia necesitaba compartirlas, puesto que por el lado económico me he llevado una desagradable sorpresa. Tampoco pretendo recomendar que no visitéis el país. Todo lo contrario, Egipto es un must de cualquier viajero.

Yo no me considero una persona que haya visto mucho mundo (siempre queda tanto por ver), pero he visitado algunos países. Muchos de ellos dan la sensación, supuestamente, de pobreza. Una sensación que luego no es real cuando estás en el lugar.
Por poner un ejemplo, hace unos meses tuve la oportunidad de conocer Tailandia, en plena revolución social. Mi estancia allí coincidió, por desgracia, con uno de los episodios más sangrientos de la última protesta. Sin embargo, tras ver en vivo el deseo de la gente de prosperar, las ganas y la ilusión con la que afrontan cada día, hubiera recomendado sin duda algún fondo de inversión que invirtiera en la zona. Al final PIB, PNB, renta per cápita, tasa de paro, etc, no son más que cifras más o menos representativas de lo que está ocurriendo, no de lo que va a pasar. Algo parecido ocurrió en Croacia tras la guerra: las ganas de trabajar y de salir adelante de la gente es lo que hizo que el país avanzara cien años en menos de una década. Y aún sigue.
Egipto, no obstante, me ha sorprendido muy negativamente en este sentido. Desde fuera, parece un país que está a la cabeza de África, más “occidentalizado” y moderno. En el que quizá haya pobreza, pero no cómo la imaginamos en otros lugares. Sin embargo esto no es así y Egipto es el lugar donde por primera vez en mi vida he visto más que pobreza: he visto miseria.
Evidentemente no solo no es posible exigir “occidentalismo”, si se me permite la expresión, en este país ni en ninguno cuya cultura no sea occidental sino que además seria de necios hacerlo. Cada lugar debe evolucionar según su cultura puesto que olvidar el pasado es negar la esencia del pueblo, que es quien termina marcando finalmente el camino al futuro. Y no solo lo occidental es bueno, es sencillamente lo que conocemos.
La economía egipcia, pese a disponer de importantes yacimientos de petróleo y de gas natural, se mueve principalmente por el turismo. Pero un turismo de usar y tirar (lo que se conoce como compradores “buy and fly”). No hay más que dar un paseo por el destartalado museo egipcio, o visitar uno de los templos mejores conservados, el de Habu, invadido por las palomas, que lo están destrozando sin que nadie ponga solución. Sobre todo es patente en el comercio, basta dar una vuelta por el zoco de Edfu, o por el famoso Khan al khalili. En cada puesto tratan de venderte productos de una calidad lamentable, a precio europeo, tratando de que compres y te largues. Y si no vuelves, da igual, ya vendrá otro turista. Los hoteles, de cinco estrellas “lujo”, no llegan al nivel de un hostal de carretera de dos estrellas en España, ni en higiene ni en servicio. La franja del mar rojo con mayor riqueza en corales, que es la zona de Hurghada, es un horrible macrocomplejo de 20 km de costa ocupada por resorts y playas privadas, donde flota aceitoso el combustible de los barcos sobre uno de los mares con los colores más bonitos del mundo. La antigua Tebas (ahora Luxor) está muy lejos de su famoso esplendor. El lugar de la tierra con mayor cantidad de maravillas por metro cuadrado (templo de karnak, luxor, avenida de esfinges, templo de habu, rameseum, valle de los reyes, reinas y nobles, colosos de Nemmón, templo de hatsheput, templo de seti…) es una ciudad horrible, prácticamente en ruinas como si hubiera recién salido de una guerra. El maltrato al Nilo es habitual: El río del que dependen desde hace siglos es un enorme basurero líquido. Sé que tampoco España es un ejemplo de todo esto (cuidado de monumentos, percepción de la contaminación o de la riqueza de nuestras playas).
Los continuos “cambios de humor” de los gobernantes han llevado al país a pasar del comunismo al capitalismo como el que cambia de pantalones durante los últimos 50 años, por lo que la dirección de la política económica es nula. Y si existe, no tiene ninguna seguridad de que mañana siga igual. La democracia es solo de boca: todo el mundo puede decir lo que quiera, pero las cosas no cambian, al puro estilo de una “dictablanda”. El estado de excepción se mantiene desde que el último presidente llego al poder en los 80. El fundamentalismo religioso crece y empieza a cobrar una importancia significativa (ocupan más o menos la quinta parte de asientos en el congreso).
Uno de los estupendos guías que nos ayudaron en el viaje nos comentaba, al preguntarle si se notaban los efectos de la crisis en el turismo, que “aquí llevamos toda la vida en crisis”.
La tasa de analfabetismo entre las mujeres es superior al 50% y a pesar de que el trato a los mismas no lo podemos considerar fundamentalista, puesto que optan tanto a los estudios como al trabajo en condiciones semejantes a los hombres (por lo menos legalmente) las reglas sociales respecto a las mismas les impiden en muchos casos formar parte de la masa laboral. Por ejemplo, una mujer egipcia debe volver a la casa de su familia a dormir por las noches, lo que les impide en muchos casos trabajar en hoteles o en zonas como Hurghada, lejos de las grandes ciudades.
Las diferencias sociales son enormes, la clase media es inexistente. En cualquier caso, el enorme paro es quizá el mayor problema de Egipto, no solo porque es complicado conseguir trabajo, sino porque por el sueldo que se paga a veces no compensa trabajar. Si en España hablamos de una generación perdida, los egipcios ya están perdiendo la segunda. Los jóvenes piden un cambio. Les da igual cómo sea, solo piden un cambio porque piensan que las cosas difícilmente podrían ir a peor. Y ese cambio está cerca, puesto que la edad y salud del actual presidente lo hacen presentir.
Y es en ese cambio donde está la esperanza. En ese cambio y en la gente. Dejando a un lado la pequeña minoría de pesados que te persiguen por los bazares y quitando los extremistas que siguen siendo pocos, el pueblo egipcio es maravilloso. Educados, sencillos, amables, simpáticos, te ofrecen sin pestañear lo poco que tienen. Si dejas a un lado la apariencia que pueden dar de caóticos o gritones, la gente está deseando acogerte y ayudarte. Siempre dispuestos a invitarte a un té o a enseñarte algo que se te ha pasado, a comentarte su cultura, sus costumbres, su idioma. Es un pueblo apaleado, pero orgulloso. Pasear por el Cairo, por cualquier zona, es más seguro que Madrid. En todo momento te sientes protegido y sabes que puedes contar con cualquiera sin ningún miedo para que te guíe si te has perdido.
Al final, es la intrahistoria la que mueve el destino de los pueblos y en ese sentido Egipto es un gigante haciendo reposo de una enfermedad. Cuando la rehabilitación acabe, será un país a tener en cuenta, puesto que ya lo es en descanso.
Y, sin duda, deseo que esto ocurra, puesto que el pueblo, por simpatía y por historia, desde luego se lo merece.