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3/08/2011

El Fórex: Un brevísimo repaso a la historia


Como comentaba el otro día, los tipos de cambio (Forex=Foreign Exchange=Tipo de cambio) no son otra cosa que el precio de una moneda en términos de otra, y este precio se fija, ni más ni menos, a través de la oferta y la demanda.

Pero para empezar por el principio, veamos primero un poco de historia.
El principio de este viaje por el tiempo nos llevará antes del año 1914, cuando inspirados por las ideas de, entre otros autores clásicos, H Thornton o D Ricardo (en palabras de Ricardo: "La experiencia muestra que ni un Estado ni un Banco que haya tenido el poder ilimitado de emitir papel moneda, ha podido resistirse a abusar de ese poder; en todos los estados, por eso, la emisión de papel moneda debe estar bajo alguna vigilancia y control; y nada parece más adecuado para ese propósito como que los emisores de papel moneda estén sujetos a la obligación de pagar sus billetes, ya sea en oro o en metales preciosos.") prácticamente todos los países quedan ligados a un sistema monetario conocido como “patrón oro”.

De esta manera, el valor de una divisa se fija en términos de una determinada cantidad de oro. El emisor de la divisa garantiza que puede devolver al poseedor de sus billetes la cantidad de oro representada en ellos.

Este sistema tiene una ventaja fundamental, descrita principalmente por D Hume. En resumen, todo déficit de la balanza de pagos dará lugar a reducciones en la cantidad de oro del país deficitario y a aumentos en la cantidad de oro del país con superávit. En el país deficitario, la disminución del volumen de moneda (como hay menos oro, hay menos dinero) causaba una reducción de la producción y de los precios. En el país con superávit, el ritmo creciente de dinero fomentaba la producción y el aumento de los precios. El país deficitario, con menos dinero, solo podía permitirse importar una cantidad inferior de bienes. El país con superávit, en cambio, podía importar más, y le convenía hacerlo a los precios baratos del país con déficit. De este modo, se solucionaban automáticamente los desequilibrios exteriores (en principio en la teoría, pero la evidencia demuestra un funcionamiento bastante correcto en la práctica).

Pero uno de los defectos de este sistema es que o lo aceptan todos los países o no funciona correctamente. Así, aunque de derecho se seguía aceptando, desde la primera guerra mundial (es decir, a partir de 1914) este sistema se abandona de hecho. Cuando se intenta recuperar de nuevo al final del conflicto, en 1918, problemas en la producción de oro (en relación al dinero que se necesitaba) y la falta de estabilidad de muchas economías impiden una vuelta sencilla al patrón oro. Tras la conferencia de Génova en 1922 y debido fundamentalmente a la presión estadounidense y británica, se llega a una situación de mezcla entre monedas directamente convertibles y monedas “periféricas”. En estas condiciones llega la gran depresión.

Para reducir el desempleo fruto de la gran depresión, durante los años 30 casi todos los países intentaron limitar las importaciones y fomentar las exportaciones, a través de medidas como impuestos a las importaciones, cuotas, o incluso devaluaciones de la moneda. Pero como recuerda inteligentemente R Stutely, es imposible que las exportaciones aumenten si disminuyen las importaciones.

Para poner fin a este proteccionismo y abrir de nuevo las relaciones con el exterior, en 1944 se convoca una conferencia internacional en Bretton Woods (New Hampshire). De esta conferencia nació el FMI y el Banco Mundial. En el sistema generado a partir de Bretton Woods la única moneda ligada al oro sería el dólar estadounidense (a un precio de 35 dólares la onza). El resto de monedas podría fluctuar hasta un +1,0%. También podrían devaluarse con el permiso del FMI.

No fue un liberal el ideólogo principal de estos acuerdos, como a veces parece hacerse creer. Fue HD White (apoyado por EEUU). No obstante, cabe recordar que sus tesis se impusieron nada más ni nada menos que a las de JM Keynes (apoyado por el Reino Unido).

Pero este sistema, que se sostuvo con pinzas, muere en los años 70. EEUU, agobiado por unos déficits cada vez mayores (en parte propiciados por la guerra de Vietnam) que empezaban a reducir sus reservas de oro, suspendió, en agosto del 71, la convertibilidad del dólar. Las principales monedas comienzan a flotar (si bien todavía con algunas restricciones). En septiembre del 71 el patrón oro dio su último coletazo. Tras los llamados “acuerdos del Smithsonian” se vuelve a introducir el tipo fijo, aunque con alguna flexibilidad. Sin embargo, en junio de 1972 se deja flotar “temporalmente” a la libra esterlina. Al año siguiente, todas las monedas estaban o bien flotando libres o con fluctuaciones controladas. Desde entonces, la mayoría de monedas, y desde luego, las más importantes, se han mantenido flotantes.

Un tipo de cambio flotante significa que puede variar, que se mueve más o menos libremente en un mercado, al contrario que un tipo de cambio fijo. Un tipo de cambio fijo no se mueve salvo por decisión de la autoridad encargada de ello.

Que las monedas se mantengan flotantes significa dos cosas. En primer lugar, que una moneda vale lo que el gobierno promete que vale. Es decir, no tiene nada físico que respalde su valor. No existe una materia prima (ni oro, ni plata, ni cacao, ni una cesta con varias) que justifique dicho valor. Lo cual no significa para nada que valga lo que el que acuña la moneda decida. (Por mucho que se impriman más y más billetes, la riqueza no aumenta). En segundo lugar, que una moneda frente a otras monedas, no tiene por qué valer lo mismo (ni parecido) de un instante del tiempo a otro.

Y ahora que ya sabemos algo de la historia de los tipos de cambio, ¿qué os parece pasar a crearnos un vocabulario básico? Lo veremos la semana que viene.

P.D. Esto es un post en un blog. No pretendo iniciar un debate científico sobre el mejor sistema, eso lo haría en un artículo o en una tesis. Pretendo contar de manera resumida qué fue lo que pasó. Para bien o para mal. Dicho lo anterior, no significa que no vaya a dar mi opinión: yo no soy keynesiano, pero tampoco liberal, por lo que si bien reconozco muchos de los problemas del abandono del patrón oro, también reconozco los problemas de haberlo mantenido. El del patrón oro no es un camino de rosas. Si bien los defensores del liberalismo, con un tono a veces más romántico que empírico, se empeñen en defender que funcionó correctamente, en la práctica esto no queda absolutamente claro (como se puede ver en los trabajos en este sentido de Viner, Lewis o Foreman-Peck, entre otros). Con la escuela austríaca cada vez más de moda, este será un tema recurrente. Lo cual no significa que se deba perder la perspectiva.

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