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7/15/2011

Un juego diferente

El otro día me decía un gran amigo mío, jugador profesional de Texas hold´em, que el póker era un juego diferente. Me decía que por ejemplo, en el tenis, si un amateur se enfrenta a Nadal, es casi imposible que le gane, aunque Nadal juegue a la pata coja. Si uno pilota contra Alonso, no tiene posibilidades. Si intenta meterle un gol a Casillas o regatear a Puyol, fracasará casi siempre (recuerdo que una vez, cuando era pequeño, jugué un partido contra un equipo en el que estaba Cervantes de portero y no había manera de meterle gol). Aunque juguemos cien partidas al ajedrez contra Karpov, difícilmente le ganaremos una sola.

En cambio, en el póker, cualquiera, experto o inexperto, incluso sin conocer las reglas, podía ganarte una partida. Evidentemente, a la larga, gana más partidas el más experto. Pero de cien partidas, un inexperto puede ganarte veinte. Algo que no ocurre en casi ningún otro deporte.

Y me hizo reflexionar. Porque todos sabemos cómo acaba el inexperto que le gana veinte partidas al profesional: desplumado en otras ochenta. Es decir, perdiendo dinero. Exactamente igual que ocurre en los mercados financieros.

¡Cuántas veces habré oído al cuñado de mi cuñada decir, mira Tomás, voy a comprar acciones de esta farmacéutica, que está de moda y va a sacar un nuevo medicamento y me voy a forrar! Recuerdo la primera vez que me lo dijo. Porque yo le dije, no lo hagas. Y lo hizo. Y ganó mucho dinero. Y me lo estuvo restregando mucho tiempo. Pero claro, las siguientes nueve propuestas descabelladas que se le ocurrieron recibieron mi misma respuesta: no lo hagas. Y lo hizo. Y no sé cómo le saldrían, pero pinta que mal. Y ha dejado de restregarme nada, la verdad.

Porque en este juego del trading, hasta el más inexperto puede tener suerte, pero a largo plazo solo sobreviven los expertos. Y no todos. Por eso es necesario alcanzar el nivel de profesional rápidamente. Que conste que estoy hablando de trading (swing, day o con el nombre que quieran, pero trading). Especulación, si lo prefieren.

La formación para tener éxito en los mercados es doble. La teórica, que la saca cualquiera, como en el carné de conducir, y la práctica, que es bastante más complicada. A veces se necesitan 20 clases. A veces 40. Y a veces ni con 100.

Algunos necesitan operar hasta arruinarse para vez la luz. Otros necesitan arruinarse más veces. Otros simplemente aprendieron de los que se arruinan, pero estuvieron años operando sin ganancias.

Todos ellos coincidirán en que, en realidad, solo era necesario formarse en dos cosas: en método y en psicología. Dos cosas que nadie le contó nunca en la teoría, por otro lado. Que el método de gestión del riesgo es fundamental. Que la psicología, tanto propia como del mercado, de primera clase de un curso de inversiones. Todo lo demás que leamos no estará de más, pero no será tan importante. Que está bien eso de tener una opinión sobre el mercado, pero no es lo mismo sobre el papel o sobre el programa de gráficos que sobre el mismo mercado.

Que una cosa es Matrix y otra el mundo real.

Por eso triunfan tantos tipos de gestores que realizan tantos tipos diferentes de análisis: porque todos tienen en común lo mismo, un método y una psicología adecuada para invertir. Por ello, las discusiones sobre análisis técnico o fundamental, value o growth, tendencial o contrarían, tienen tan poco sentido. La respuesta es sencilla: pues oye, un poco de cada cosa, lo que más me convenga en cada momento. En cualquier caso, al mercado no se le gana, utilices el estilo que utilices, a no ser que sepas algo que la mayoría ignore.

Pero aún sabiendo algo que los demás no saben, sin método y sin psicología, conmigo no cuenten.

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