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12/03/2011

Margin Call, la muerte de la inocencia

Este pasado miércoles pude ver por fin la película margin call, seguida de una mesa redonda en la que participaron J.C. Ureta, L. Dávila y A. Boixadós, todo gracias al IEB y a la APD.


En el aspecto puramente visual (el ambiente) la película no podría estar mejor hecha. La sala de mercado en la que se desarrolla gran parte de la película en la realidad es tal y como se ve allí. Dependiendo de la entidad será más grande o más pequeña, pero el aspecto es parecido, con las pantallas de bloomberg, los etrali (teléfonos), el aspecto blanco, amplio y limpio... Es evidente que para esta película han sabido asesorarse. 

En cuanto al principio de la película, que empieza con los despidos, por suerte no he tenido que vivir nunca algo así. Sin embargo, un compañero que trabaja en un importante banco de inversión me comentó que es tal y como se ve: en cuestión de una hora han hecho todos los despidos necesarios.

Hay quien dice que esta película cuenta la historia de la quiebra de Lehman Brothers. Es cierto que las analogías son claras, el CEO llegando en helicóptero que además se llama Tuld -Dick Fuld era el nombre del CEO de Lehman-, un empleado que paga todo el pato (no digo quien para no fastidiar la película), el tema de los MBS, etc. No obstante la historia de la película no es la de la quiebra. "En un incendio, el primero que sale por la puerta no lo hace presa del pánico", dice el CEO en un momento de la película.La historia de Margin Call es la de la supervivencia. Y la muerte de la inocencia a costa de esta supervivencia.

Lo más interesante de esta película son las diferentes conversaciones entre los protagonistas. Profundas reflexiones que cuestionan qué es lo ético y que no, y cómo la moral cambia desde el punto de vista desde el que se mire.

Finalmente, Margin Call es una historia de apalancamiento financiero. Si entendemos "Margen" como el dinero que nos pide la entidad como garantía para poder realizar una operación a crédito, un "margin call" será cuando la entidad que nos ha prestado más dinero para operar nos pide o que aumentemos la garantía (porque la posición va en nuestra contra) o que cerremos las posiciones. 

Ya lo comenté en otros posts. El apalancamiento no es malo. Pero es un arma. Dependerá de quién la empuñe que sea algo bueno o malo. Pero lo que sí es cierto es que no se suele explicar bien qué es.  Y aquí las entidades tienen una gran responsabilidad. Y mientras los inversores o especuladores sigan sin entender bien cuáles son las consecuencias reales y cuál es el riesgo real de ruina de realizar operaciones apalancadas, el apalancamiento seguirá siendo peligroso.

En cuanto a la charla posterior, eché de menos justamente eso, una reflexión más profunda acerca de la MIFID (regulación europea de asesoramiento financiero, entre otras cosas), una reflexión más profunda sobre valores (o mejor dicho, sobre la falta de ellos) y una visión menos global y más centrada en la clave del asunto: ¿quién paga el pato aquí? No obstante, fue una conferencia muy interesante, con unos ponentes muy bien elegidos que supieron elaborar un discurso para todos los públicos. Me pareció muy acertado el comentario del siempre interesante Lorenzo Dávila, señalando que el trasfondo de la película (el perro de Sam, el jefe de ventas) es el de la muerte de la inocencia, algo en lo que coincido con él.

En fin, que os recomiendo muchísimo ver esta película lo antes posible. No es tan antigua como Wall Street 1 ni tan irreal como Wall Street 2 (que siendo una gran película, no es más que un homenaje a Gordon Gekko).

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