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4/12/2012

¡Tachán!

Hoy hablamos... ¡de magia!


Seguramente algunos ya conoceréis este vídeo. Para los que no os sintáis cómodos con el inglés, tranquilos: es sencillo de entender porque no hace falta entender nada de lo que dicen. Básicamente, el mago va a tratar de cambiar el color de una carta. Veámoslo antes de continuar y luego me explico.



El vídeo: es impresionante, ¿verdad? No enseña algo que todos sabemos, pero solemos olvidar: La atención es selectiva. Para poder concentrarse en una cosa es necesario obviar otras.

Así es como funciona la magia. Mientras tratamos de captar la atención de nuestro sobrino hacia la mano derecha, con la izquierda sacamos la moneda de su oreja.

Así es también cómo funciona la inversión en los mercados financieros. Es un mundo tan complejo que es imposible estar atento a todas las variables que podrían influir en el movimiento del precio de los activos. Es más, no siempre las mismas variables influirán de la misma forma. Las correlaciones, en mercados financieros, ya se sabe: vienen y van.

Recordando a M. Motterlini, podemos pensar en un piloto aterrizando un avión de emergencia. Estará tan preocupado por los mandos y los controles que si se le cruzara delante otro avión, no lo vería. Su ojo lo percibe, pero no lo traslada a su mente consciente, ocupada en otras cosas que considera más importantes en ese momento.

Cuando estudiamos una inversión, se encienden todos los pilotos de emergencia de la cabina. Por un oído las radios afirman que no hay duda de que el mercado subirá. Por el otro, un analista en un podcast nos advierte del peligro. En la televisión nos bombardean con el terrible estado de la economía. En los periódicos, aseguran que el mercado bajista ha finalizado. Y después llegan los informes… Por un lado un broker nos muestra en 55 diapositivas lo mal que está el mercado. Por otro, un informe de cien páginas de global macro asegura que es el momento óptimo. En una conferencia, un trader asegura que debemos ser market neutral. Que si la producción industrial. Que si el Baltic Dry Index. Que si la confianza. Que si la deuda. Bla. Bla. Bla.

Ahora imagina que en el avión que comentábamos antes hay 155 personas registradas, pero dos han perdido el vuelo. El 53% del pasaje es femenino. El 12% del pasaje masculino es rubio. El 40% se encuentra en el rango de edad 35-50. El 80% tiene cuenta en Facebook. El 65% de los que tiene cuenta en Facebook la actualiza regularmente. El avión pesa unas 300 toneladas. Con toda esta información debes contestar esta pregunta: ¿de qué color son los ojos del piloto?

Y lo peor es que el problema no es solo la cantidad de información que sobraba. El problema es si la pregunta es adecuada a la información que estamos recibiendo. Volviendo al vídeo: ¿estamos prestando atención a lo que tenemos que prestar atención? Porque el hecho es que podemos no habernos dado cuenta de algunas cosas que pasaban, pero eran intrascendentes si nuestro fin era ver el truco de magia.

Lo anterior es crucial, porque significa que del mismo modo que podemos desviarnos de nuestro objetivo centrándonos en información incorrecta, podemos olvidarnos de todo y buscar solo los datos adecuados.

Sea como sea, el hecho es obvio y muestra la falta de correlación entre teoría y práctica en los mercados financieros. Una teoría muy extendida en el mundo académico es que los mercados son eficientes, al menos informacionalmente (si es que existe esa palabra). Esto es, defienden que todas las noticias están ya descontadas por el mercado y por lo tanto valor y precio o coinciden o da igual que no lo hagan porque no es posible descubrir ninguna información que nos permita aprovechar una oportunidad antes que el mercado la descubra.

La falta de atención (o el exceso) mostrada por el ser humano nos indica que la hipótesis de los mercados eficientes no puede funcionar, entre otras muchas cosas, porque aunque tuviéramos disponible toda la información posible, no todos la interpretaríamos de la misma manera.

Dicho en cristiano: que valor y precio no coinciden nunca.

Aun así, los mercados son bastante eficientes. Sin embargo, a veces, el mercado se equivoca en la percepción de los riesgos. A veces pasa varias veces al día. Otras solo en toda la semana. A veces los mercados pasan meses sin equivocarse. Pero antes o después llega el error. Y entonces, el trader, se aprovecha. Como diría J. Rogers, el trabajo de un trader es estar sentado mirando la acera, esperando que alguien se le caiga un billete, para recogerlo. Mientras tanto, el trader sólo puede observar la acera.

No es necesario, por tanto, mantener una posición abierta continuamente. Los mejores, sean del estilo que sean (así inversores con estilos tan diferentes como E. Seykota, G. Soros, P. Lynch, W. Buffet, A. Kostolany…) coinciden en algo: haber estado periodos largos con una cantidad alta de efectivo. ¿Por qué? Porque sencillamente no encontraban dinero tirado en la acera. Porque el mercado no se confundía en la apreciación de los riesgos.

Cuando el mercado ajusta el riesgo correctamente en el precio de un activo, la única forma de buscar una rentabilidad mayor es asumir más riesgo. Sin embargo, cuando ocurre una de esas veces en las que el mercado se equivoca, para el mismo nivel de riesgo, dos activos tienen rentabilidades diferentes. Y esa es la única oportunidad que existe de hacer dinero en el mercado.

Porque, para obtener la misma rentabilidad que la media no vale la pena perder el tiempo con análisis y basta indexarse.

Sea como sea, el hecho es que el camino está lleno de trampas. Unos más evidentes, otras menos. Espero que vayamos aprendiendo juntos, en los próximos posts, cómo identificarlas. Y lo más importante: cómo aprovecharlas para lo que importa, hacer dinero.

Porque no nos engañemos, los mercados financieros están para eso y todo lo que nos digamos en contra de eso será solamente para evitarlo.

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