La Vuelta al Gráfico está en RANKIA

10/23/2012

¿Razonar o Racionalizar?

El análisis de los mercados financieros, especialmente cuando trata de llegar a decisiones operativas (es decir, analizar la coyuntura para tomar una u otra posición en el mercado), se convierte en una actividad cambiante.

Aceptar esta realidad (que el mercado fluye, que no es constante) tiene como consecuencia que el último paso de cualquier análisis de cualquier mercado se convierte en el primero: volver a empezar. El análisis es un trabajo que no termina.
Hay diferentes consecuencias derivadas de no entender el hecho anterior. La principal y más grave (sobretodo para nuestra cartera) es confundir razonar con racionalizar.

Razonar significa utilizar la inteligencia con el objeto de asociar ideas para llegar a una conclusión.

Racionalizar, en cambio, busca razonamientos para justificar algo ya determinado.

Es decir, cuando razonamos no tenemos ninguna idea preconcebida, o si la tenemos estamos dispuestos a desecharla. Cuando racionalizamos, ya sabemos qué queremos justificar y buscamos argumentos que nos den la razón.

En análisis, el que razona se deja sorprender por los propios datos, deja que cada idea surja de la anterior. Permite que su propio análisis sea el que le hable, el que le señale qué hacer. Duda de todo, incluso de sí mismo, hasta que finalmente, tras la unión de diferentes ideas, llega a una conclusión (aunque la conclusión sea que no hay conclusión).

En cambio, el que racionaliza ya parte de una idea. Por ejemplo, su “intuición” le dice que el IBEX 35 va a subir. Y entonces comienza a buscar todo tipo de razonamientos que apoyen su idea. El problema es que hay tantos indicadores y tantas formas de interpretarlos que siempre encontraremos uno que nos de la razón. Aunque sea raro e inusual, argumentaremos su uso con tópicos del mercado como “es que los indicadores que ya usan todos a mi no me valen”.

Racionalizar en vez de razonar es un hecho muy frecuente en el ser humano. Esto significa que antes o después caeremos en la trampa, por lo que debemos estar siempre alerta. Racionalizar no es siempre algo consciente. De hecho, la mayoría de las veces, cegados por diferentes emociones, como por ejemplo el orgullo, no nos damos cuenta de que estamos racionalizando.

En el análisis de mercados financieros, no aceptar que es cambiante, no aceptar que los mercados fluyen y que el análisis que hice ayer quizá hoy ya no valga, es lo que nos lleva a racionalizar. Es decir, a tratar de mantenerlos constantes. A pensar que, como yo dije que el mercado iba a subir, pues va a subir y no parar de encontrar argumentos que justifiquen que el mercado va a subir a pesar de que no deje de caer en picado.

Por mucho que nuestra inversión sea a largo plazo, no debemos dejar de preguntarnos si la idea que tomamos en un principio fue la correcta. Y sobretodo, no debemos dejar de preguntarnos si se mantienen los argumentos que nos llevaron a entrar en determinado activo. Ese es el ejercicio más complicado, psicológicamente hablando, cuando invertimos: probarnos cada vez que repasemos el análisis. Estamos siempre en riesgo de dar la razón a la mesa o de perder la perspectiva, algo que también hay que tener en cuenta.

Así, ya hemos visto que el que comienza un análisis con una idea determinada dispuesto a encontrar argumentos que la justifiquen, los encontrará. Pero será un mal analista. Y probablemente tome decisiones operativas incorrectas.

Por otro lado, otra forma de racionalizar es encontrar justificaciones en nuestro análisis a lo que ocurre en el presente. Por ejemplo: presentar un escenario alternativo (algo muy recomendable, por otro lado) y si se cumple este escenario asegurar que hemos acertado en el análisis. Esto es algo muy típico de los analistas no enfocados a las decisiones operativas. Como no hay dinero en juego, no pasa nada. Ya advertí que podría ocurrir, aunque esa no fuera mi recomendación.

La racionalización es algo normal en el ser humano. A pesar de ello, que sea uno de los mecanismos de defensa del ego más usuales no significa que no sea extremadamente dañino.

La única defensa contra la racionalización es la autocrítica.

¿Quién no se ha confundido nunca? ¿Quién hace siempre análisis perfectos y sin errores? ¿Acaso alguien acierta siempre? Lo importante es el largo plazo, la carrera de fondo.

Un error sólo tiene una lectura: es un aviso para seguir mejorando. Para esforzarnos más. Para ser mejores. Leerlo de otra forma sería… un error.

No hay comentarios:

Publicar un comentario