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11/17/2015

Una oda al crecimiento

El otro día mientras veía uno de esos debates entre las fuerzas políticas que afortunadamente ya son más de dos en nuestro país, un integrante de la vieja guardia, dígase PP o PSOE, reivindicaba que las nuevas fuerzas emergentes no tenían ninguna experiencia en gestionar ni el presupuesto de su comunidad de vecinos. La respuesta de uno de los miembros del partido aspirante no pudo ser más acertada a mí entender y fue algo así:

Tengo la experiencia de verdad, la de intentar levantar la trapa de mi negocio cada día mientras un político como tú toma decisiones desde un despacho sin preocuparse por el día a día de la gente que mantiene en pie este país,”. Quizás algunos me tachen de populista, ventajista, pero desde mi humilde opinión, necesitamos gente que sepa el verdadero esfuerzo que hacen las familias para salir adelante.

Esa respuesta me ha llegado al alma y es que hoy día, el crecimiento económico es la preocupación predominante de nuestros tiempos, casi todos nuestros problemas dependen de restablecer un robusto crecimiento.

A lo largo de la historia, el crecimiento ha dependido de de una fuente: la productividad, el valor de bienes y servicios que cada trabajador puede producir por una unidad de tiempo. A su vez, la productividad se incrementa con la creación de nuevas compañías que desplazan a las antiguas y por tanto los beneficios de sus propietarios, generando ingresos sólidos para que sus dirigentes y trabajadores generen la tan ansiada prosperidad.


Mucha gente trabaja horas y horas para mejorar su nivel de vida pero pronto se encuentran con un límite difícil de superar. Ahorro, inversión y la formación de capital puede ayudarnos a crecer pero sus beneficios son limitados. Solamente las nuevas ideas, nuevos productos, tecnologías, empresas y la promoción del talento traerán grandes incrementos de prosperidad.

Una regla de oro en la política económica: transfiriendo rentas en forma de subsidios se distorsionan los precios ralentizando competitividad e innovación, me viene a la cabeza dos casos antagónicos Europa y su burocracia vs Reino Unido y su libertad económica.

La finalidad de implementar más regulación es transferir dinero a un grupo específico de gente, empresas o industrias reduciendo la competitividad con todo lo que conlleva, desincentivando la inversión privada y promoviendo el despilfarro

Ese vicio intervencionista intentando regularlo casi todo nos lleva a un distanciamiento con el crecimiento real. Dificulta la creación de empresas, por lo tanto no creamos puestos de trabajo, no se puede innovar, no mejoramos la productividad, no se genera riqueza y por ende el crecimiento se esfuma o simplemente no es suficiente. Un claro ejemplo, el impuesto al sol que quieren instaurar en España, simplemente sin comentarios.

Este es un debate que lleva mucho tiempo sobre la mesa, más o menos regulación, es realmente efectiva, inteligente o estúpida, basadas en leyes o en caprichos de los reguladores, responsable o arbitraria, deberíamos evaluar el ratio coste beneficio rigurosamente y más allá del color político analizar en profundidad si verdaderamente apoyamos el crecimiento o somos un obstáculo hacia el mismo.

En el siglo XXI gran parte de la gente estaría de acuerdo que debemos comenzar por una reforma del sistema impositivo orientado al crecimiento, con tasas marginales más reducidas, donde ese dinero que no se paga en impuestos vaya directamente al bolsillo de las personas. Aumentando los ingresos se incrementará del mismo modo la base de aquellos que tributan, simplificando al máximo el sistema evitando exenciones y resquicios dentro del propio sistema.

El impuesto de sociedades debería de ser mucho más moderado, cada euro que cualquier empresa paga a los estados se traduce en incremento de precios de sus productos, salarios más bajos para sus trabajadores y menores rendimientos para sus accionistas. No tratemos de ahogar a las compañías gravando el ingreso, reduciremos el incentivo al ahorro, la inversión y la creación de empresas.

Otro de los puntos conflictivos sería la regulación en el mercado laboral, vemos en los telediarios de medio mundo que los países nórdicos son un ejemplo con tasas de paro estructurales o pleno empleo.

Pongamos el ejemplo de Dinamarca, alguno pensará que no es el mejor ejemplo ya que su estructura social es muy costosa con un 53% de gasto público frente al 38% de España. Sólo nos queremos centrar en la estructura de su mercado de trabajo, como se financia el estado sería otro debate a parte. La flexibilidad es total, no hay indemnización por despido (máximo 6 mensualidades para alguien que lleva más de 15 años en la empresa), no existe el salario mínimo, el empresario no paga cotizaciones sociales y no hay negociación colectiva, es algo mucho más privado entre empresa y trabajador. En resumen, un mercado altamente  liberalizado y dinámico.

El tejido productivo de un país debería ser el hijo mimado de todos y cada uno de los gobiernos y facilitar la vida a las empresas como base fundamental para una prosperidad futura. Que le pregunten a cualquier autónomo de España cuál es su opinión sobre nuestras leyes tributarias.

Me gustaría poner como ejemplo Irlanda, un país en el que he vivido y tengo un especial cariño por sus gentes y costumbres. La crisis económica golpeó duramente al tigre celta y es verdad que en el pasado cometió errores muy graves, burbujas inmobiliarias, quiebras bancarias, endeudamiento elevado, etc... y la gente ha pagado una gran factura por ello. Pero una vez  que todo eso está en proceso de solucionarse, me gustaría citar alguna de sus bondades y es que soy de los que tratan de coger lo bueno de las cosas y de la gente, no soporto el tan famoso y tú más.

La revista Forbes ha situado a Irlanda como el mejor país del mundo para hacer negocios gracias a parámetros como la tecnología, la propiedad privada, impuestos, libertad o burocracia. Otro aspecto importante es el carácter global de la isla, la competencia laboral es muy alta y eso repercute sobremanera en su economía creciendo a tasas interanuales del 7%, superando en el segundo trimestre del 2015 a países emergentes como China o India. Si crees firmemente en el libre comercio de bienes, libertad de inversión, debes de ser partidario del mismo modo del libre movimiento de personas, esto sin duda hará sociedades más ricas en todos los sentidos.

En definitiva, necesitamos un debate creíble de verdad, líderes que apuesten por las personas, no por los intereses particulares de un colectivo, distorsionando la realidad, imperando el sentido común que a veces el menos común de los sentidos. La mejor forma de hacerlo es incentivar el crecimiento apostando firmemente por liberalizar gran parte del sistema empezando por el sistema impositivo. 

Javier Flórez
Twitter:@FlorezJav

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