3/04/2016

Sesgo de disponibilidad: ¿Gana más un futbolista o un sastre?

El otro día discutía con un amigo cuáles son las profesiones mejor remuneradas. Cómo no, mi amigo defendía que eran los deportistas, especialmente los jugadores de fútbol. Yo le intentaba explicar que eso era como pensar que los profesionales que más cobraban eran los sastres porque la persona más rica de España era Amancio Ortega.

Porque aquí el experto en fúbol es mi compañero de blog (y, sobre todo, amigo) Javi Flórez pero estoy convencido de que por mucho que gane Cristiano Ronaldo o Messi, lo que ganan los jugadores de muchos clubes de 2, 2 ª B o 3ª (cuando cobran, porque lamentablemente muchos ni lo hacen) baja bastante la media de la profesión. 

De hecho, en media, no hay ningún deporte que se cuele entre las 10 profesiones mejor pagadas:


En fin, que entre los 10 no aparecen tampoco los treiders. 

Todo lo anterior me traía a la mente el complicado año 2011, en el que el S&P 500 sumaba tan sólo un +2,1%. En la encuesta anual de Franklin Templeton (Global Investor Sentiment Survey) realizada entre entre enero y febrero de 2012,  se preguntaba a inversores particulares si el rendimiento del S&P 500 en 2009, en 2010 y en 2011 había sido negativo o muy bajo. Más de la mitad señalaban que en 2009 el rendimiento había sido negativo o bajo y casi el 50% decía lo mismo de 2010. En realidad, el crecimiento de este índice en 2009 y 2010 fue de doble dígito.

¿Se equivoca mi amigo? ¿habían olvidado los inversores de aquellos maravillosos años? En realidad la respuesta es simple:

Son presas de la trampa mental conocida como sesgo de disponibilidad, que hace que ponderemos más la probabilidad de ocurrencia de un evento cuando este es más familiar, sencillo de entender o lo hayamos vivido de cerca, sea en nuestra carne o en la de otros, o en medios de comunicación, etc.

¿Los mayores rendimientos del S&P 500 se han obtenido durante mandatos del Partido Republicano o durante mandatos demócratas? Supuestamente, los gobiernos republicanos son más pro-mercados. Pero la realidad nos demuestra que los mayores mercados alcistas han sido durante periodos gobernados por el partido Demócrata (en concreto, según un estudio de Santa-Clara y Valkanov del periodo 1927-1999, durante el mandato republicano se obtenía un +2% en media sobre el T-Bond y durante periodos de gobierno demócrata un 11% más que el T-Bond.

En la misma línea, pero saliendo de los mercados de valores, ¿qué es más probable, que te coma un tiburón o que te caiga encima un meteorito? Aunque ahora haya menos pánico por el tema, la probabilidad de sufrir un ataque de un tiburón es sólo de 1 entre 11.500.000, mientras que la de que te caiga un meteorito encima es de 1 entre 75.000 según la NASA. De hecho, es más probable que te caigan dos rayos encima (1 entre 9.000.000) a morir por el ataque de un tiburón.  

Eso sí, es más probable que te ataque un tiburón a ser astronauta (1 entre 13,2 millones).

Cuando existe una información que sea más reciente o más traumática, tendrá más influencia sobre nuestras decisiones. 

El sesgo de disponibilidad consiste en una tendencia a calcular las probabilidades de ocurrencia de un evento en base a los ejemplos más sencillos, más conocidos o más recientes que acuden a nuestra mente. 

Esto es, que percibimos que es más probable que ocurran cosas más "familiares" frente a cosas difíciles de imaginar o de abarcar. Bajo este sesgo se abarcan diferentes falacias, que podríamos resumir en cuatro:

1. Sesgo de recuperabilidad (retrievability bias). Nuestros queridísimos Kahneman y Tversky, de los que tanto hemos hablado en este blog, en un estudio conjunto con Paul Slovic de 1974, presentaron a un grupo de sujetos una lista de nombres para que leyeran, con nombres de hombres y de mujeres. La mayoría de nombres eran claramente femeninos, pero los nombres masculinos eran muy notables (del estilo de Richard Nixon, etc). La mayoria de sujetos señalaba que había mayoría de nombres masculinos. 

Su efecto en los mercados financieros se refleja en aquellos inversores que escogen acciones basada en información sencilla, y no se basan en análisis disciplinados. Lo anterior lleva también a carteras no diversificadas de valores que han aparecido recientemente en las noticias o en anuncios o algún experto acaba de comentar en algún medio de comunicación.

2. Correlaciones ilusorias. Espúreas patria querida, que tantas veces hemos cantado aquí o aquí. Chapman y Chapman en un estudio de 1967 también hablaron mucho de este tema, demasiado extenso para abarcarlo esta noche en este post.

En mercados financieros este efecto es desastroso. Bueno, y en la vida en general.

 

3. Sesgo de efectividad. Teniendo en cuenta cualquier palabra en castellano de tres o más letras, si escogemos una al azar ¿qué es más probable que empiece por "r "o que "r" sea la tercera letra. Piénsalo, no vale decir algo al azar. ¿Ya?

Bien, pues en castellano la letra "r" es mucho más frecuente en la tercera posición que en la primera. Sin embargo, es más sencillo pensar en ejemplos de palabras que empiecen por una letra a pensar en ejemplos de palabras que contengan una letra, por lo que se estimará errónaneamente que hay más palabras que empiezan por "r". (Sí, sí, esto es una adaptación de otro estudio de Kahneman y Tversky, de 1974. Pero el mío es más original porque uso la letra R y el castellano y ellos usaron la K y el inglés).

4. Rango estrecho de experiencia. Consiste en que cuando pertenecemos a un grupo, tendemos a pensar que las características de este grupo son las de la mayoría de la gente. Por ejemplo, los economistas tienden a pensar que la mayoría de la gente tiene conocimientos de economía. O un ejemplo mejor tirado: la gente de determinadas ideas políticas que se mueve en determinados círculos tiende a pensar que la mayoría de gente en general tiene esas mismas ideas.

En mercados financieros, los fieles seguidores del "value" que llevan años viendo como el "growth" les gana en rentabilidad, los técnicos vs los fundamentales, los macro, los contrarian, los lo que sea, etc.

KAS Naranja vs KAS Limón.


Consecuencia de lo anterior son carteras poco diversificadas ya sea por regiones (más empresas españolas porque pensamos "entenderlas mejor" porque están más cerca) o por estilos (tener sólo fondos mixtos o de gestión de autor pero todos similares), por activos (tener sólo renta fija, aunque añadamos subordinados financieros, high yield), etc.

Y bueno, en fin, hay más sesgos que se podrían englobar aquí (como el sesgo de resonancia, o el sesgo debido a la imaginación, etc), pero los anteriores son los principales. 

El error más característico de este sesgo consiste en sobre estimar la importancia de la información que tenemos y extraer conclusiones erróneas de ellas.

Pero lo peor de este sesgo es que no tiene solución. Nos afectará en mayor o menor medida, pero lo hará de una forma u otra. Es importante por tanto tenerlo en cuenta y pensar cómo nos afecta y en qué medida para poder atenuarlo lo máximo posible.

No hay trucos: análisis, trabajo, más análisis, más trabajo y mucha mucha mucha gestión de riesgos. Y por encima de todo, la psicología adecuada. 

Tomás García-Purriños, CAIA
@tomasgarcia_p
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