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7/20/2016

Mirando a Asia


Los que nos seguís habitualmente sabéis que soy de la opinión de que la temperatura de los mercados financieros mundiales la marca la economía China. Digo esto por la situación de cambio estructural en la que se encuentra. Digamos que es una economía lo suficientemente importante como para producir un shock de desconocidas proporciones que arrastre a los mercados globales, cada día más interconectados hacía el abismo en caso de no controlar ese giro que se está produciendo, desde una economía exportadora hacia una predominantemente consumista.

Hace unas semanas reflexionando con colegas frikis de esto de la economía y los mercados comentábamos los paralelismos que podían tener las dos grandes economías asiáticas y si China podría convertirse en el próximo Japón. El destino de Japón fue sellado por su renuencia a abandonar un modelo de crecimiento disfuncional. Si bien China se distingue de Japón por haber adoptado el reequilibrio estructural, este país está esforzándose por poner en práctica dicha estrategia. A menos que los esfuerzos de China tengan éxito, los resultados podrían ser similares. Aunque los líderes chinos tienen muy presente las lecciones aprendidas sobre la economía japonesa en las últimas décadas.









Uno de los temas favoritos de discusión en esta comparativa es la deuda. La deuda no financiera de China ha aumentado de 150% del PIB en el año 2008 al  255% hoy en día, concentrándose dos tercios de dicho aumento en el sector empresarial, en su mayoría empresas de propiedad estatal (EPE). La deuda rápidamente creciente de China, que es el mayor ahorrador del mundo ,con un nivel de ahorro interno bruto promedio de 49% del PIB desde el año 2007  no es sorprendente para nada. Las economías con altos niveles de ahorro son propensas a la alta inversión, y la falta de reforma de los mercados de capitales. En China, lo anterior ha sido  amplificado por el estallido de la burbuja inmobiliaria en el año 2015, lo que  refuerza el papel desproporcionado que el crédito bancario ha desempeñado en la financiación del auge de la inversión de China.

La comparación de Japón es especialmente instructiva en la evaluación de los riesgos de crecimiento intensivo de la deuda. Situándose en casi el 390% del PIB a finales del año 2015, el ratio total de deuda de Japón es mayor en unos 140 puntos porcentuales en comparación con el de China. Pero, debido a que Japón  tiene una alta tasa de ahorro, un promedio de 24% del PIB desde el año 2007, básicamente debe pagar esa deuda a sí mismo. Esto significa que no es vulnerable a la fuga de capitales de los inversores extranjeros que a menudo es el factor que desencadena las crisis. Lo que efectivamente originó grandes turbulencias financieras en los mercados el pasado verano y comienzos de este año fue debido a la salida de capital extranjero en la economía china.

 


             Fuente: Instituto internacional de finanzas

Ya que desde el año 2007 la tasa de ahorro de China dobla la de Japón, esta conclusión es aún más pertinente para su economía intensiva en deuda. El susto que pasó China a principios del año 2016 avivado por nerviosismos sobre fuga de capitales y riesgos relativos al tipo de cambio,  no consideró por completo este punto. Los temores de un aterrizaje forzoso derivado de una crisis de la deuda china son ampliamente exagerados.

Las empresas zombis son también un tema de intensa discusión en China. En su calidad de actores clave en la primera década perdida de Japón durante los años 1990, se mantuvieron con vida a las empresas zombis mediante renovaciones perpetuas de préstamos bancarios subvencionados enmascarando así una enorme acumulación de cartera vencida (cartera en mora) que finalmente provocó la caída del sistema bancario japonés. De manera significativa, la interacción entre corporaciones nada rentables y bancos zombis obstruyó las arterias de la economía real provocando una fuerte desaceleración en el crecimiento de la productividad que Japón aún está .

Los líderes chinos han hecho referencia explícita a las compañías estatales zombis. Pero, a diferencia de Japón, que se mantuvo en negación del problema por casi una década, las autoridades chinas se han movilizado con relativa rapidez para frenar los excesos en dos industrias clave: las industrias del acero y el carbón  y simultáneamente muestran  señales sobre que también se movilizarán en las industrias del cemento, vidrio y construcción naval.

El deterioro de la calidad crediticia de China también es una reminiscencia de la experiencia de Japón. La tasa de morosidad oficial del 1,7% para el grupo de bancos cuyas acciones se intercambian en la bolsa, es sólo la punta del iceberg. Debajo de la superficie se encuentran los préstamos problemáticos, aquellos en los que los prestatarios están en las primeras etapas de dificultades de pago. Los anteriores, mismos junto con los créditos morosos en el sector bancario en la sombra, podría, al sumarse ambos, aumentar la tasa de morosidad de China a una carga total de alrededor del 8%. En tal caso y con el transcurso del tiempo, las autoridades enfrentarían la necesidad de inyectar capital en el sistema bancario chino.

Nada de esto es un oscuro secreto en Pekín, el debate cada vez más abierto e intenso entre los altos funcionarios sobre cómo evitar terminar como Japón.  Los líderes chinos están prestando mucha atención a la relación entre los problemas chinos con la deuda y con las empresas zombis, problemas que bien podrían culminar en curvas parecidos a los de Japón, es decir que muestren una caída seguida por un largo período sin crecimiento o curva plana.

Todo esto nos lleva al corazón de la comparación entre China y Japón. Dos décadas y media perdidas es simplemente un resultado inaceptable para China. Pero, saber lo que China no quiere no es suficiente para garantizar que este país no vaya a quedar atrapado en una trampa propia de estilo japonés.

Las reformas son el factor diferenciador decisivo. La incapacidad de Japón para adoptar reformas estructurales fue una característica que marcó la década de 1990, y es un impedimento igualmente grave para el actual programa de recuperación, el llamado Abenomics. Por el contrario, la estrategia de China hace hincapié en el trabajo arduo de cambio estructural y de reequilibrio. Al final, el éxito o el fracaso dependerán de la voluntad de las autoridades de China para hacer frente a los poderosos intereses que se oponen a la reforma. Las lecciones de la China moderna  especialmente las reformas y la apertura liderada por Deng Xiaoping  son más importantes que las lecciones de Japón.


Javier Flórez


@FlorezJav












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