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11/02/2016

Paseando aleatoriamente por Wall Street (Comentario del Libro de Malkiel)

No siempre uno tiene que leer aquello que confirma su visión del mundo. A veces es sano leer teorías que contradigan aquello que uno piensa, para cambiar algunas opiniones, confirmar otras y sobre todo, adaptar la visión general a nuevas realidades. En los mercados financieros, espacio donde puede ser cierta una cosa y la contraria a la vez, esto es más cierto que en otros campos.

A pesar de lo anterior, mi primera lectura del libro de Malkiel, "Un paseo aleatorio por Wall Street", llegó antes de que me hubiera formado ninguna opinión. En esa etapa del aprendizaje donde leía todo aquello que caía en mis manos e iba dando por ciertas todas las teorías dependiendo del último libro que me hubiera leído. Y es que mi edición de este libro tiene ya algunos años...


Llegó a mis manos por influencia de uno de mis mejores amigos, compañero de piso durante la facultad y actualmente un excelente y reconocido profesional de los mercados financieros. Aunque cuando me lo recomendó también era un pipiolo y recuerdo que estaba entusiasmado tras su lectura, y me comentó la teoría del mono: que un mono con los ojos tapados lanzando dardos sobre la sección de cotizaciones del Wall Street Journal tenía más probabilidades de elegir acciones que batieran al mercado que cualquiera que trabajase en la industria.

La verdad es que ese rollo molaba, pensar que nadie tenía ni idea, que los monos eran más listos que los profesionales. Era una ideología atractiva para alguien que empezaba a terminar la carrera y se adentraba en el mundo del becario de entidad financiera en la época pre Lehman. La realidad, como siempre, superó después a la ficción. Pero eso es otra historia que será contada en otro lugar.

Malkiel no deja títere con cabeza en su libro. Y es indudable que además de ser una persona muy inteligente, escribe muy bien. Es un gran defensor de la teoría del mercado eficiente, que ya explicamos en su momento en el blog (y que dejó uno de los comentarios más divertidos que ha tenido este blog -que tampoco es que destaque por tener muchos comentarios).

Como escribe muy bien, es fácil estar de acuerdo con lo que dice. Además, utiliza una lógica aplastante a veces, con ejemplos muy divertidos. 

En la primera parte del libro, podemos encontrar una descripción más de las principales burbujas de la historia. Cuando no has leído mucho de mercados financieros, los libros que empiezan así son geniales, porque cuentan historias interesantes que no conoces. Cuando lees el libro número 100 que empieza así, pues ya cansa. Al final son historias del abuelo cebolleta, sin ningún tipo de aplicación práctica, que simplemente demuestran que la gente es humana.

La realidad es que si de verdad quieres profundizar en estas crisis, hay que documentarse por separado, leyendo diferentes autores con diferentes opiniones, y en general es también útil leer algo de historia anterior a la burbuja para entender mejor el contexto. Todo lo demás está a gusto del autor que lo cuenta, y normalmente suelen hacerlo con muchas inexactitudes y sobre todo, enfocándose en aquello que más se adapta a su guión.

En este sentido, por ejemplo, para aquello interesados en la burbuja de los tulipanes, les recomiendo no dejarse llevar por lo que cuentan estas introducciones de los libros, normalmente basadas en las historias de Charles Mackay, el escritor que popularizó la tulipmania. La historia es mucho más rica en matices y con muchas más interpretaciones, como por ejemplo las de Peter Garber, economista de la Universidad de Brown, experto en el tema que asegura que la Tulipmania puede explicarse por los fundamentales del mercado. 

En la segunda parte del libro, Malkiel se centra en desmontar el análisis técnico y el análisis fundamental. Y aquí dice muchas verdades. Y otras verdades a medias. Y alguna mentira, aunque seguramente por desconocimiento. De esta parte, destaca sin duda la historia que cuenta de que en una cena lleva a un analista técnico amigo suyo unos gráficos para que los interprete donde se ven tendencias, figuras, etc. Su amigo cae y le pregunta por qué acción es, puesto que tiene un gran gráfico. Malkiel le contesta que es un electrocardiograma que se hizo el día anterior. Más allá de lo gracioso del chiste, lo que en realidad nos dice esta historia es que su amigo es un mal analista. Y seguramente un pésimo trader. 

Aquel analista técnico que se fía sólo de un gráfico, sólo de una imagen, sin comprobar cosas como diversos periodos temporales, el comportamiento de otros activos correlacionados, el sentimiento de mercado, etc, está condenado al fracaso por definición. Porque una serie no nos dice nada si no sabemos hacer nada más allá de dibujarle cuatro pintarrajos de niño de preescolar y buscar un payaso triste invertido.

Respecto a la tercera parte, es una excelente y recomendable introducción a la anticuada Teoría Moderna de Cartera, que le valió un Nobel a su desarrollador, Harry Markowitz. Pero utilizando la misma forma de expresarse de Malkiel: ¡qué vas a esperar de una teoría cuyo creador según cuenta Jason Zweig en el Wall Street Journal, no usaba! 
 
De acuerdo a Zweig, Markowitz le contó que a pesar de que sabía que debía haber hecho cálculos complejos sobre la base de los promedios históricos, para encontrar el equilibrio óptimo entre riesgo y rendimiento. Sin embargo, en lugar de ello, de acuerdo al autor, visualizó su dolor si la bolsa subía y él no estaba invertido, o si bajaba y él estaba con posiciones altas. Así que decidió dividir su cartera entre acciones y bonos al 50% para minimizar su dolor futuro.

El propio creador de su teoría, reconociendo que está diseñada para el perfecto homo economicus, pero no para el ser humano. No diré nada más señoría.

El hecho es que cualquier asset allocation de una cartera que ignore el perfil conductual del inversor está condenado a no funcionar. Por mucho que sea óptimo matemáticamente.

Finalmente, en la cuarta parte, explica algunas nociones básicas de planificación financiera, siempre útiles, aunque incompletas. También explica de forma resumida, cómo invertir en base a su filosofía, aunque también lo va detallando a lo largo del libro.

En fin, un libro útil, imprescindible aunque sea por comentarlo (lo ha leído mucha gente). Pero que intenta abarcar demasiado y se queda corto en muchas cosas. Y que ignora una parte muy importante de la historia en los mercados financieros. La otra cara de la moneda. Ignora qué pasa cuando el mercado no es como Malkiel dice que tiene que ser.

Tomás García-Purriños, CAIA
@tomasgarcia_p


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